El canto de los tambores hoy suena a despedida. Sonia Bazanta Vides, conocida mundialmente como Totó la Momposina, falleció a los 85 años en México tras sufrir un infarto agudo de miocardio, derivado de una enfermedad neurodegenerativa que la había alejado de los escenarios en 2022. Con su partida, Colombia pierde a su más grande embajadora de la música ancestral y a la mujer que dignificó el arte de los pueblos ribereños.
Nacida en Talaigua Nuevo, Bolívar, Totó creció en un hogar donde la música era un lenguaje diario, heredando un legado de cinco generaciones de cantadoras y tamboreros. La violencia bipartidista de los años cincuenta la obligó a desplazarse junto a su familia a Bogotá, donde junto a su madre, Libia Bazanta, abrió caminos en la televisión nacional con el programa Acuarelas Costeñas, presentando por primera vez los ritmos del Caribe a los hogares del interior del país.

Buscando siempre la excelencia y el sustento teórico de sus raíces, Totó se instaló en París para estudiar Historia de la Música, combinando la academia con la investigación de campo en su natal Costa Norte. Durante más de cinco décadas de carrera, fusionó con maestría la cumbia, el bullerengue y el porro, convirtiendo himnos como ‘El Pescador’ y ‘La Candela Viva’ en piezas universales de la herencia africana e indígena.
Su impacto internacional quedó sellado en 1982, cuando acompañó al escritor Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia. “Fue como estar levitando”, recordaría años después sobre aquella presentación histórica que puso los ojos del mundo sobre el folclor colombiano. Décadas más tarde, su voz llegaría a los festivales de Womad, impulsada por el músico británico Peter Gabriel.

En sus últimos años, la salud de la artista estuvo bajo el cuidado de su familia en México, tras ser diagnosticada con afasia, un trastorno cognitivo que afectó su capacidad de comunicarse pero que jamás borró la fuerza de su legado. Hoy, las nuevas generaciones de músicos colombianos que fusionan lo tradicional con lo moderno se despiden de su mayor maestra. Totó la Momposina no ha muerto; su voz se queda para siempre flotando sobre las aguas del río Magdalena.




