
En el corregimiento de Vijagual, campesinos, ganaderos y voluntarios de la Defensa Civil unieron fuerzas para enfrentar, con sus propias manos, el creciente riesgo que representa el río Magdalena para sus hogares y cultivos. Ante la evidente erosión de las orillas y la cercanía de la temporada de lluvias, la comunidad decidió actuar antes de que el agua cause daños más severos.
Con machetes, guaduas, palos y mucho esfuerzo físico, vecinos realizaron una barrera artesanal que busca reducir la fuerza del cauce en los puntos más críticos. La iniciativa —aunque sencilla— refleja la urgencia y el compromiso de quienes sienten que no pueden esperar la llegada de apoyos institucionales para proteger sus terrenos.
“Estamos en un momento muy crítico del río. Cortamos guaduas y palos para hacer una tupia como antes y así intentar mitigar el riesgo”, explicó Kati Nieto Salazar, voluntaria de la Defensa Civil. Sin embargo, los pobladores admiten que el trabajo es pesado y que la mano de obra aún es insuficiente.
Varios ganaderos del sector han aportado materiales y apoyo logístico, mientras que otros vecinos se suman a la labor comunitaria. A pesar de ello, muchos coinciden en que se necesita más colaboración, pues solos no podrán completar las obras necesarias para ofrecer una mayor protección.
Además del esfuerzo local, los habitantes hacen un llamado a las autoridades municipales y departamentales. Aunque han tomado la iniciativa para mitigar la emergencia, esperan que la Alcaldía de Puerto Wilches, la Gobernación de Santander y las entidades de gestión del riesgo respondan con intervenciones más estructurales.
El alcalde José Elías Muñoz afirmó que desde la administración se están realizando gestiones ante entidades como Cormagdalena para obtener recursos y apoyo técnico que permitan ejecutar obras más contundentes en este y otros puntos vulnerables del municipio.
La preocupación de la comunidad radica en la posibilidad de que, con las próximas lluvias, se repitan situaciones de años anteriores en las que el aumento del caudal del río ocasionó inundaciones que afectaron viviendas, cultivos y ganado en distintas zonas rurales del Magdalena Medio.




