Hablar de drogas suele asociarse con violencia, adicciones o daños sociales. Sin embargo, algunas iniciativas en Colombia buscan cambiar esta narrativa, explorando el potencial terapéutico y espiritual de ciertas sustancias. Una de ellas es la Fundación Conciencia Viva, creada en 2019 con el propósito de promover el ‘buen vivir y el buen morir’.
'Estamos haciendo muchas cosas muy bien hechas alrededor del nacimiento, pero se nos olvida la población moribunda y todas las personas que pueden padecer angustias psicológicas, existenciales y espirituales en esos momentos tan desafiantes de la vida', explica Jaime Vinasco, director de la fundación.
Una de las sustancias que más atención ha recibido recientemente es la psilocibina, un compuesto presente en los llamados hongos mágicos, que ha pasado de ser considerado una droga alucinógena a ser objeto de múltiples estudios científicos por su potencial para tratar la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático e incluso acompañar a personas en procesos de final de vida.
Aunque su uso estuvo prohibido durante décadas, en los últimos años la investigación ha demostrado que, bajo acompañamiento médico y psicológico, esta sustancia puede generar experiencias terapéuticas profundas. Vale aclarar que no se trata de consumo recreativo, sino de procesos controlados que implican meses de preparación y acompañamiento especializado, en entornos seguros y legalmente protegidos.
‘Es una gran paradoja que seamos sociedades tanatofóbicas, que no queramos hablar de la muerte, porque no hay nada más natural que ella’, señala Vinasco, quien agrega que ‘hablar de buen morir no es otra cosa que hablar de buen vivir hasta nuestro último día’.
En abril de este año, se realizó en Colombia la 28ª Conferencia Internacional sobre Reducción de Daños, un encuentro que reunió a más de mil expertos nacionales e internacionales para replantear el paradigma global sobre drogas y promover una visión basada en los derechos humanos, la salud pública y la justicia social.
El evento marcó un paso más hacia la comprensión del uso responsable, terapéutico y humano de sustancias como la psilocibina, invitando a la sociedad a repensar la forma en que se habla sobre las drogas y la salud mental.




