La confirmación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre una intervención militar en Venezuela vino acompañada de advertencias directas a otros países de la región, entre ellos Colombia, México y Cuba. Las declaraciones, emitidas tras asegurar que fuerzas estadounidenses habrían tomado como rehén al presidente venezolano Nicolás Maduro, reavivaron alertas diplomáticas en América Latina por una posible escalada regional y por la violación de principios básicos del derecho internacional.
En mensajes posteriores, Trump amplió el alcance de su discurso y aludió a varios gobiernos latinoamericanos como parte de una narrativa de presión hemisférica que analistas han comparado con la Doctrina Monroe. Este enfoque, basado en la primacía de Washington en el continente, generó preocupación por el uso unilateral de la fuerza y por el debilitamiento del principio de no intervención consagrado en la Carta de las Naciones Unidas.
Colombia fue mencionada de manera explícita en ese contexto. Trump se refirió al presidente Gustavo Petro con expresiones consideradas ofensivas y lanzó nuevas acusaciones sin sustento jurídico, vinculándolo nuevamente con el narcotráfico. La frase final de su intervención —“así que sí: tiene que cuidar su trasero”— provocó reacciones inmediatas en sectores políticos y diplomáticos del país.
Ante la escalada, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió respetar la Carta de las Naciones Unidas y advirtió sobre un “precedente peligroso” para la estabilidad internacional. En paralelo, se conocieron llamados a una reunión urgente del Consejo de Seguridad, mientras varios países de la región insistieron en que el multilateralismo debe ser el canal para abordar la crisis.
El presidente Gustavo Petro reaccionó públicamente a los hechos y solicitó la activación inmediata de instancias multilaterales como la ONU y la OEA. En un mensaje difundido en redes sociales, el mandatario colombiano señaló que la situación trasciende cualquier diferencia bilateral y exige una respuesta regional que priorice la paz y el respeto a la soberanía.
La tensión aumentó aún más cuando el empresario Elon Musk, aliado político de Trump, respondió en la red X a un mensaje de Petro con la frase “plata o plomo”, considerada por diversos sectores como una amenaza directa y una muestra del deterioro del lenguaje político en medio de la crisis. El episodio profundizó la preocupación por el rumbo del conflicto y sus posibles repercusiones en América Latina.




